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Los padres de Ayaka Sasaki (15 años) del municipio Otsuchi-cho (Prefectura de Iwate) siguen desaparecidos después del Gran Terremoto del Este del Japón. Ayaka había pasado el examen para entrar en un instituto de Bachillerato de mucho prestigio académico en la ciudad de Kamaishi (Prefectura de Iwate). Pero el día 15 de abril se traslada a otro instituto nocturno de la ciudad de Morioka. El motivo es ponerse a trabajar de día y con los ahorros obtenidos costear la educación de sus dos hermanos pequeños, en lugar de sus padres.
El día 11 de marzo, a las 2:46 de la tarde, después del ensayo de la ceremonia de graduación, Ayaka estaba en casa. Al sentir un gran temblor, corrió afuera. Envió inmediatamente correos por celular a sus padres. Su padre Shuichi (45 años), quien dirigía una compañía de productos marítimos elaborados en el puerto, le contestó con un simple “OK” y su madre Mayumi (42 años), quien trabajaba en la fábrica de su marido, le respondió: “Ahora estoy en camino a casa”.
Sin embargo, después de estas respuestas perdió el contacto con sus padres. Les buscó, uno tras otro, en todos los centros de refugio pero todo fue en vano y cada vez que fracasaba en su búsqueda las lágrimas llenaban sus ojos. Durante los tres primeros días después del terremoto, lloraba sin parar. El cuarto día, dejó de llorar. Empezó a pensar como hermana mayor. “Sin nuestros padres, ¿qué va a ser de mis hermanos pequeños Kenmi y Kenya?”.
El décimo día después del gran terremoto dijo al mayor de sus dos pequeños hermanos: “Kenmi, piensa en el peor de los casos.” Kenmi contuvo el sollozo con lágrimas en los ojos. La segunda semana, estando en presencia de sus dos hermanos, les dijo: “Probablemente papá y mamá habrán muerto en tsunami” . No se sabe si el pequeño Kenya pudo entender el significado de la muerte. El mayor Kenmi ya no lloraba.
Ayaka sueña con ser estilista y no ha renunciado a su sueño. Imagina que podrá encontrar algún trabajo en una tienda de moda en la ciudad de Morioka. Puede que resulte ser una buena experiencia. “Solo viviré una vida escolar un poco diferente de mis amigos. Lo importantes es que todo depende de mis esfuerzos.”
El 11 de abril. Por la mañana, buscó a sus padres, como siempre, visitando los lugares donde se depositaban los cadáveres. A las 2:46, rezó en silencio mientras escuchaba la sirena de la radio municipal de emergencia. “Haré todo lo que pueda.” Juró así a sus padres en su corazón.
“Está prevista la llegada de un tsunami de 6 metros.” “Está bajando la marea de manera anormal.” “Escápense.” Se repetían llamamientos parecidos con una voz calmada y clara.
Ambos funcionarios siguieron insistiendo con su radiocomunicación en la evacuación hasta el último momento de la llegada del tsunami. Su labor, arriesgando sus propias vidas, salvó la de unas 9.000 personas.
Se quedaron alrededor de 30 funcionarios en el edificio municipal y se salvaron 10. Las personas que se trasladaron al Instituto de Bachillerato, en la colina, vieron como los funcionarios fueron arrastrados por las olas. Entre los 10 que se salvaron no se encontraban ni Miki ni Takeshi.
Miki se había comprometido para casarse en julio del año pasado y esperaba con mucha ilusión el día del banquete de boda que tendría lugar en próximo septiembre. “Mamá, en marzo serán presentados nuevos modelos de vestidos de novia. Tendremos que ir a verlos juntas” La madre lo tenía prometido a Miki. Después de los tsunamis, los padres de Miki visitaban todos los días los centros de refugio, buscando a su hija desaparecida.
Takeshi fue el responsable de la radio de emergencia. Inmediatamente después del terremoto, sustituyó a su compañero más joven, se sentó ante el micrófono de la radio de emergencia y alzó su voz. Su compañero le tiraba de la manga diciéndole: “Escápate ya”. Pero, Takeshi no se alejaba del estudio de emisión. “Una última vez”, decía. Ha pasado un mes desde el terremoto. Su esposa Hiromi, amiga de Miki, colocó, en el coche encontrado en otro lugar alejado, una botella de sake y unas tapas que le gustaban a su marido Takeshi. Ese día era su aniversario de boda . “Hay gente que se salvó gracias a la voz de mi marido. Ese es mi único consuelo.” Hiromi sonrió levemente al mismo tiempo que grandes lágrimas le caía de sus ojos.
El cuerpo de Miki fue encontrado el día 23 de abril por el equipo de búsqueda y se disipó así, la última esperanza de sus familiares y amigos. Su marido de 24 años, con quien se había casado en julio del año pasado, la identificó por medio de una foto de su cuerpo, al reconocer una marca de nacimiento en su hombro izquierdo y una missanga que tenía puesta en el tobillo izquierdo y que él le había regalado. Una amiga de su madre, Misako, le había dicho que “el mensaje de la radio había sido interrumpida por la mitad” y que “la voz de Miki tembló en los últimos instantes.” Se había empeñado tanto en dar la alerta que no tuvo tiempo para escapar. “En realidad, creo que Miki tenía mucho miedo. Ojalá que yo, como madre, hubiera podido protegerla… Lo siento mucho…”
La población de Minamisanriku-cho es de unos 17.000 habitantes. Los fallecidos y desaparecidos por el terremoto y los tsunamis ascienden a más de 1.000 almas. A pesar del número elevado de víctimas, una mujer de 64 años quien fue evacuada al centro de refugio dijo “Aquella emisión de la radio salvó muchas vidas. Ellos desempeñaron responsablemente su labor salvadora hasta el último momento.” Y les expresó su agradecimiento.
(foto: Ayuntamiento de la Cuidad de Minami Souma)
Al echar un vistazo desde lo alto del puente, se extiende a lo largo de varios kilometros un “mar de barro” en el que no hay nada. En el lugar en que debería haber una estación, solo ha quedado una escalera. Unos padres buscan a su hija, la cual había enviado un correo diciendo que se había subido enfrente de la estación al microbus que la llevaría a la autoescuela. El autobus que encontraron está parcialmente aplastado y los padres no pueden mas que gritar “¡Aquí dentro está nuestra hija. Sacadla rápido!”
La ciudad de Yamamoto de la prefectura de Miyagi, que se encuentra en la costa del pacífico, fue golpeada directamente por el tsunami. “No había mas que casas de residentes en las cercanías de la estación”. “Vino un tsunami mas alto que la copa de aquel árbol”. Los lugareños relatan de forma unánime el terror del tsunami. En toda la superficie de alrededor donde no queda nada, solo mantienen su forma a duras penas coches volcados y casas arrastradas.
En el lugar en el que estaba la estación de Sakamoto de la linea Joban de JR, solo quedan los restos de la escalera. Los pinos a lo largo de la linea costera, en su mayor parte han sido barridos, quedando solamente algunos en pie.
Desde aquí en un lugar no muy alejado, el matrimonio formado por el señor Sugano Eiji y la señora Matsuko han descubierto los restos del microbús donde se alcanzan a ver los caracteres “Autoescuela”. “¡Aquí dentro está nuestra hija!”, grita la señora Matsuko.
Su hija Mizuki de 18 años, a las 3:50 pasadas del dia 11 cerca de la estación Sakamoto envió el mensaje: “Me he subido al autobús”. Después de eso perdieron el contacto con ella.
Los padres que vinieron a buscarla encontraron el microbus parcialmente aplastado y mirando dentro y señalando con el dedo indicaron a un policía, “Está ahí dentro, ¿lo ve?”. “Sin herramientas no la podemos sacar”, les dijeron, y dejandose la voz replicaron: “¿Porqué no la sacais enseguida?”.
La señora Matsuko se puso en cuclillas y alargó la mano, sin poder mas que acariciar la cabeza de su hija que había quedado atrapada dentro del coche sin poder moverse.
(foto : Ayuntamiento de Minami Souma, Fukushima)









