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“Está prevista la llegada de un tsunami de 6 metros.” “Está bajando la marea de manera anormal.” “Escápense.” Se repetían llamamientos parecidos con una voz calmada y clara.
Ambos funcionarios siguieron insistiendo con su radiocomunicación en la evacuación hasta el último momento de la llegada del tsunami. Su labor, arriesgando sus propias vidas, salvó la de unas 9.000 personas.
Se quedaron alrededor de 30 funcionarios en el edificio municipal y se salvaron 10. Las personas que se trasladaron al Instituto de Bachillerato, en la colina, vieron como los funcionarios fueron arrastrados por las olas. Entre los 10 que se salvaron no se encontraban ni Miki ni Takeshi.
Miki se había comprometido para casarse en julio del año pasado y esperaba con mucha ilusión el día del banquete de boda que tendría lugar en próximo septiembre. “Mamá, en marzo serán presentados nuevos modelos de vestidos de novia. Tendremos que ir a verlos juntas” La madre lo tenía prometido a Miki. Después de los tsunamis, los padres de Miki visitaban todos los días los centros de refugio, buscando a su hija desaparecida.
Takeshi fue el responsable de la radio de emergencia. Inmediatamente después del terremoto, sustituyó a su compañero más joven, se sentó ante el micrófono de la radio de emergencia y alzó su voz. Su compañero le tiraba de la manga diciéndole: “Escápate ya”. Pero, Takeshi no se alejaba del estudio de emisión. “Una última vez”, decía. Ha pasado un mes desde el terremoto. Su esposa Hiromi, amiga de Miki, colocó, en el coche encontrado en otro lugar alejado, una botella de sake y unas tapas que le gustaban a su marido Takeshi. Ese día era su aniversario de boda . “Hay gente que se salvó gracias a la voz de mi marido. Ese es mi único consuelo.” Hiromi sonrió levemente al mismo tiempo que grandes lágrimas le caía de sus ojos.
El cuerpo de Miki fue encontrado el día 23 de abril por el equipo de búsqueda y se disipó así, la última esperanza de sus familiares y amigos. Su marido de 24 años, con quien se había casado en julio del año pasado, la identificó por medio de una foto de su cuerpo, al reconocer una marca de nacimiento en su hombro izquierdo y una missanga que tenía puesta en el tobillo izquierdo y que él le había regalado. Una amiga de su madre, Misako, le había dicho que “el mensaje de la radio había sido interrumpida por la mitad” y que “la voz de Miki tembló en los últimos instantes.” Se había empeñado tanto en dar la alerta que no tuvo tiempo para escapar. “En realidad, creo que Miki tenía mucho miedo. Ojalá que yo, como madre, hubiera podido protegerla… Lo siento mucho…”
La población de Minamisanriku-cho es de unos 17.000 habitantes. Los fallecidos y desaparecidos por el terremoto y los tsunamis ascienden a más de 1.000 almas. A pesar del número elevado de víctimas, una mujer de 64 años quien fue evacuada al centro de refugio dijo “Aquella emisión de la radio salvó muchas vidas. Ellos desempeñaron responsablemente su labor salvadora hasta el último momento.” Y les expresó su agradecimiento.
(foto: Ayuntamiento de la Cuidad de Minami Souma)
Al echar un vistazo desde lo alto del puente, se extiende a lo largo de varios kilometros un “mar de barro” en el que no hay nada. En el lugar en que debería haber una estación, solo ha quedado una escalera. Unos padres buscan a su hija, la cual había enviado un correo diciendo que se había subido enfrente de la estación al microbus que la llevaría a la autoescuela. El autobus que encontraron está parcialmente aplastado y los padres no pueden mas que gritar “¡Aquí dentro está nuestra hija. Sacadla rápido!”
La ciudad de Yamamoto de la prefectura de Miyagi, que se encuentra en la costa del pacífico, fue golpeada directamente por el tsunami. “No había mas que casas de residentes en las cercanías de la estación”. “Vino un tsunami mas alto que la copa de aquel árbol”. Los lugareños relatan de forma unánime el terror del tsunami. En toda la superficie de alrededor donde no queda nada, solo mantienen su forma a duras penas coches volcados y casas arrastradas.
En el lugar en el que estaba la estación de Sakamoto de la linea Joban de JR, solo quedan los restos de la escalera. Los pinos a lo largo de la linea costera, en su mayor parte han sido barridos, quedando solamente algunos en pie.
Desde aquí en un lugar no muy alejado, el matrimonio formado por el señor Sugano Eiji y la señora Matsuko han descubierto los restos del microbús donde se alcanzan a ver los caracteres “Autoescuela”. “¡Aquí dentro está nuestra hija!”, grita la señora Matsuko.
Su hija Mizuki de 18 años, a las 3:50 pasadas del dia 11 cerca de la estación Sakamoto envió el mensaje: “Me he subido al autobús”. Después de eso perdieron el contacto con ella.
Los padres que vinieron a buscarla encontraron el microbus parcialmente aplastado y mirando dentro y señalando con el dedo indicaron a un policía, “Está ahí dentro, ¿lo ve?”. “Sin herramientas no la podemos sacar”, les dijeron, y dejandose la voz replicaron: “¿Porqué no la sacais enseguida?”.
La señora Matsuko se puso en cuclillas y alargó la mano, sin poder mas que acariciar la cabeza de su hija que había quedado atrapada dentro del coche sin poder moverse.
(foto : Ayuntamiento de Minami Souma, Fukushima)








